26 feb. 2011

Somos Receptores

Según enseña la sabiduría antigua: el universo es un mar de pensamientos, y la mente humana nada más que un aparato receptor, apto para captar esas señales electromagnéticas. Cada ser pensante está conectado a la misma red universal, pero la afinación personal es la que define qué longitud de onda puede sintonizar un individuo. Esa comunicación, entre los seres que hacen parte del mismo universo, funciona como una autopista de doble vía: en un sentido, las jerarquías superiores de sabiduría universal dan ayuda a los menos evolucionados; y en el otro, los seres en proceso de aprendizaje piden lo que desean y reciben lo que necesitan.
Si los intereses de un individuo están enraizados en su parte instintiva, (alimentación, reproducción) es claro que los pensamientos, que sostiene, apoyan sus actividades de depredador; y por ello, de la mente universal atraerá ondas de baja frecuencia, apropiadas para reciclar conflictos. Pero, en la medida en que el ser humano aprende con la experiencia, hay más comprensión de los procesos de la vida y el pensamiento se afina, acogiendo formas mentales más positivas, cuya cosecha es: armonía y coherencia.
Llamamos “Ascensión” al proceso del desarrollo de la conciencia, que paulatinamente nos lleva a cancelar los pensamientos hostiles, e irlos reemplazando por otros más amorosos. Esta etapa culmina cuando todos los pensamientos de un hombre tienen como fuente el amor, y el individuo ha rendido la totalidad de su naturaleza humana a la orientación interior que recibe de sus guías. A este ser se le llama “iluminado”, porque todo lo conoce.
Hay reciprocidad entre los pensamientos que emitimos, y las respuestas que obtenemos. Muchas veces ocurre que dos personas, que vibran con los mismos intereses, atraen iguales resultados. Por eso se presentan casos de científicos que trabajan aisladamente, y que simultáneamente hacen los mismos descubrimientos, sin que ninguno de ellos haya copiado, o considerado copiar a sus colegas.
Los hombres recibimos mucha asistencia de los reinos espirituales. La ayuda nos llega en forma de pensamientos muy puntuales, que nos sacan del estancamiento, nos aportan comprensión de una situación, o nos dan inspiración para completar una tarea. Ese apoyo, inconspicuo y desinteresado, es muy efectivo; pero raramente es valorado por quienes permanecen imbuidos en la creencia de que ellos mismos engendran sus propios pensamientos.
Cuando estamos conscientes de nuestra función, de receptores del pensamiento universal, podemos aprender a pescar allí tesoros que nos enriquezcan. El señuelo son: frases de gratitud, o bendiciones. Igualmente apropiadas son las llamadas “negaciones y afirmaciones”, que inducen a la transformación individual. Esta es la forma de afinar la frecuencia, para atrapar niveles más elevados de pensamiento.
La transformación, mediante “negaciones y afirmaciones”, opera en la siguiente forma: con la negación borramos la información anterior inconveniente; y con la afirmación fijamos en el inconsciente una nueva impronta, con los valores opuestos. Además, al repetir conscientemente estas frases, estamos expresando una aspiración de perfección, a la que el universo invariablemente responde.
Toda negación debe comenzar con las palabras: “Yo no soy”, y cada afirmación con “Yo soy”. En esta forma establecemos que estamos actuando desde el Ser, o chispa divina en nosotros. Por ejemplo: si tu problema es la impaciencia, repites: “Yo no soy impaciente, y no acepto la impaciencia en mí. Yo soy la perfecta paciencia, aquí y ahora y en todas las situaciones de mi vida”.
A nivel colectivo, la suma total, de los pensamientos de los hombres, da la frecuencia que define el destino del planeta y qué tipo de experiencias nos corresponden: como país, ciudad, o grupo socio-económico. Si predominan los pensamientos de odio y deseos de venganza, habrá: guerras, catástrofes, sequías, inundaciones, tornados, terremotos, enfermedades, infelicidad, y además atraeremos gobernantes incapaces y corruptos. Y si nos centramos en emitir pensamientos de amor, estaremos creando: paz, armonía, abundancia, felicidad, salud y, además, nos corresponde una clase dirigente enfocada en el servicio. Existe un orden universal, donde, por ley de correspondencia, ¡cada uno tiene lo que se merece!

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