5 may. 2011

Etapas de crecimiento

Si comparamos, las distintas edades que vive un individuo, con las etapas evolutivas del ser, veremos que la infancia equivale a la conciencia centrada en las energías de la tríada inferior, supervivencia, sexo y poder. La adolescencia es comparable al nivel de conciencia del sello del corazón, que corresponde a quienes quieren cambiarlo todo, antes de tener el conocimiento de cómo funcionan las cosas. Y la madurez es la fase en que la búsqueda interna activa las energías de la tríada superior, y la ignorancia se transforma en sabiduría.

Como especie también hemos tenido el mismo desarrollo. La raza humana tuvo una niñez revoltosa y egocéntrica. Una adolescencia irresponsable, que puso a tambalear el equilibrio de la vida y de los recursos del planeta. Y ahora se nos presentan dos alternativas: o asumimos la madurez, que significa: aprender a convivir en paz y armonía como familia planetaria y nos adherimos al renacer de los valores espirituales; o nos veremos confrontados con la realidad de un planeta, tan abrumado por nuestros abusos, que con más de lo mismo será incapaz de continuar sosteniendo la vida.
Pero no todos los seres están listos para aceptar la única oportunidad que equivale a supervivencia. Quienes todavía están anclados en su infancia evolutiva, y alegremente continúan repartiendo garrote, es obvio que no están acá para alcanzar la plenitud de la conciencia. Ellos solo han venido como observadores de un proceso cósmico que más tarde, en otro tiempo y lugar, convertirán en su vivencia. Este grupo es muy probable que no esté interesado en estos escritos, y aún más, que los rechacen como modelo de una realidad alucinante y fuera de toda lógica. Hay que aclarar que su actitud está muy bien, y que es la apropiada para los seres de su edad y nivel evolutivo.
En el escalafón siguiente están quienes viven la etapa de disolver los miedos mediante la experiencia directa de aquello que más temen. Estos seres están seguramente pasando ahora por incontables vicisitudes y pueden no comprender el origen de tanto infortunio. Les ayudará saber que este momento crucial de la historia humana nos proporciona un reto sin precedentes. Se nos ha dado una opción similar a la de los alumnos de un colegio, cuyo rector les dice: “Señores, a partir del año entrante este colegio pasará a ser universidad. Aquellos alumnos que tengan un nivel inferior al de cuarto grado tendrán que buscar otro plantel a donde puedan trasladarse. Para quienes estén cursando de cuarto grado en adelante habrá cursos intensivos, que les habilitarán a completar sus estudios secundarios aceleradamente en seis meses”.
Tú, que ahora padeces dolor, violencia y maltrato, tal vez eres un privilegiado participante de esos cursos intensivos otorgados, como gracia, por el universo. Para ti tal vez se ha agudizado el garrote y experimentas cambios cada vez más acelerados dirigidos a llevarte hasta la saturación del sufrimiento. Comprende que no existen víctimas. Tú eres el creador de tu propia realidad y, mientras permanezcas en el miedo, atraerás aquello que más temes. El miedo es solo una señal de tensión, que surge cuando hay conflicto entre lo que deseas y lo que haces. Aprende entonces a aceptar que, si hay circunstancias que no puedes cambiar en tu vida, esa precisamente es la lección que el Universo te presenta como oportunidad para aprender. Tendrás mucha paz si vives con la certeza de que todo está bien. Siempre estás en el lugar adecuado, en el momento preciso y con quienes te corresponde compartir cada experiencia.

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